Querido J.
Le estoy dando vueltas al asunto de los papeles sin firmar y no acabo de ver la luz. Por el momento, amigo, creo que dejaré la cuestión sin cerrar, lo que me permitirá maniobrar ladinamente según me convenga. Y Dios me perdone. El mayor contratiempo para seguir con ésta taimada trama es que Raimundo, el leguleyo que se ocupa de mis documentos, no me dé mucho por el culo con sus obsesiones oficinísticas de que todo papel esté conforme lo exigen la normas cansinas y burocráticas. Aquí es donde entras tú, maestro de la dialéctica, embaucador de agnósticos, insuperable seductor; no tienes más que hacer uso del don divino de la palabras persuasivas, gracia que a tan pocos mortales le ha sido concedida ya que más bien es habilidad de dioses, y le expongas al rígido leguleyo la conveniencia de no remover las memorias de mis arrendatarios. Intuyo que estás deseoso de mediar para el buen fin de mi plan. Dios te lo pague, buen amigo.
Aprovecho el papel para informarte de que mis correrías béticas no se han separado en exceso de lo que venia narrando en anteriores epístolas, por lo que te ahorraré tiempo...por el momento.
Recibe un abrazo de agradecimiento de tu leal amigo Búho.
Post Data.: Estoy reflexionando sobre la oportunidad de viajar a la ciudad de Córdoba, donde tan gratos recuerdos conservo de mis tiempos de mercader, o dirigirme a la milenaria Cádiz, depositaria de secretos de mis gloriosos días como tratante de mercancías. Ruego contengas tu curiosidad hasta que te haga saber mi decisión.
29 oct 2009
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