Tienes razón y no me queda más que pedir disculpas y redoblar mis esfuerzos para acortar mis epístolas.
Y voy a seguir con la narración de mi paseo con Mercedes de Triana . Recordarás que me encontraba con la sevillana en una calle sin nombre. La calle la recorrimos en un plis-plas y más pronto nos plantamos en la calle ofrecida al santo Domingo de la Calzada. Y de allí a la de Montoto, que ya tenia yo controlada para llegar cuanto antes a mis aposentos; porque, amigo mio, ya había tomado la decisión: confesaria a la de Triana mis íntimas intenciones y que Dios reparte suerte, pensé. ¡Pero quiá!, pisar la de Montoto y agarrarme la muchacha del brazo fue todo uno; me frenó, adelantó un paso y coloco su rostro frente al mio.
-Quiero chocolate con churros -me dijo. Y con eso yo me quedé desconcertado, hasta que recuperé mis cualidades para el juego en corto y le dije con voz suave...
-Si nos vamos hasta Macarena me temo que vamos a perder el chocolate y el churro. -Lo de relacionar el castizo desayuno con el barrio de la Macarena es un poso cultural que me ha quedado de mis viajes por aquí y por allá. Fue años atrás cuando el alba me sorprendió en otra boat sevillana en compañía de dos señoritas que me engatusaron para que las trasladara al mencionado barrio con el argumento de que lo típico en la ciudad era lo que me proponían, y después de convidarlas a una taza de chocolate se dieron el piro con mucho arte dejándome con un par de palmos de narices, entre otras cosas.
-No hace falta ir tan lejos -me dijo la trianera- Solo con cruzar la avenida tenemos una tasca con un chocolate de lo más reputado. Será rápido, solo el tiempo de acumular fuerzas -"Acumular fuerzas", no podía haber ideado mejor razonamiento. En un minuto corto estábamos sentados en la tasca y con el desayuno pedido. Mientras esperábamos, y por cortar el silencio, le hice un pequeño comentario en tono elogioso del local.
-Verás, Búho -me contestó ella-, es este un local que mi amiga Mila yo hemos establecido como lugar donde encontrarnos antes de iniciar nuestras correrías. Si algún día te asomas es posible que nos veas a las dos en esta misma mesa.
No pasaron muchos días , y permite que te adelante esta pequeña anécdota, amigo J, hasta que, por un casual e influido por un soberano aburrimiento, me deje caer, como paseando, por la puerta del mesón. El plan funcionó: allí estaban las dos muchachas, bebiendo cerveza y comiendo de un plato de almendras. Yo las observaba desde la puerta a la espera de que se percataran de mi presencia, lo que les llevó casi cinco minutos, hasta que carraspeé, tosí, y, rendido, les dije hola.
-¡¡Búho!! -Las dos gritaron mi nombre, se lanzaron sobre mi y me arrastraron hasta su mesa.
El mozo del mesón se acercó rápidamente con el papel donde se anotan las comandas y siguiendo mis instrucciones apuntó jamón, queso, tomate, caracoles, carne con tomate y una botella de vino, de la bueno le dije.
Lo que yo quiero, amigo mio, no es hablarte de jamón y vino, sino de un momento mágico que recuerdo entere brumas y sueños. Verás, y seré breve:
Entre tomate, carne, jamón, caracoles y vino, el tiempo pasaba de manera agradable y distendida. Hasta que la amiga Mila miró sonriendo a Mercedes de Triana y le preguntó la hora
-Las once y media no se han cumplido.
-Tenemos tiempo. -parecía que las muchachas me habían dejado al margen y yo las miaba un tanto desilusionado.Hasta que la de Triana habló:
-Búho, paga y vámonos. -aboné y nos fuimos los tres en vehículo de Mila.
No circulamos ni diez minutos, tiempo que me pasé rogando una explicación de la huida. Las mujeres callaban, se miraban y sonreían. Pasado ese tiempo abandonamos el vehículo y seguimos a paso ligero hasta que tropezamos con una gran puerta de madera que Mila golpeó tres veces, toc-toc-toc. La puerta se abrió, cruzamos una pequeña salita y nos encontramos ante un largo pasillo que tenía un mostrador donde bebía el personal y enfrente una pared con huecos que hacían las veces de puerta y daban paso a unas habitaciones de mediano tamaño, rodeadas de bancos de obra y con dos o tres mesas pequeñas que todos compartían para apoyar sus bebidas. En el pasillo donde estaba la barra también se encontraba una enorme vitrina que guardaba la imagen de lo que luego identifiqué como una Virgen. Con esto y aquello nos acercábamos a la media noche. Con esto y aquello incluyo las bebidas que pedimos a unos solícitos mozos y también el, para mi, sorprendente espectáculo de ver a los mismos mozos encendiendo velas repartidas por todo el local. Mis dos acompañantes, y otras mucha gente más, consultaban la hora en su reloj de mano, hasta que se miraron, sonrieron dejando al descubierto una dentadura nacarada y lineal y dijeron...¡ahora!. Y con el "ahora" desapareció la luz de las paredes, iluminándonos con las velas que habían repartido los mozos. Habían más sorpresas amigo J. Las dos muchachas, que parecían haberse conjurado para asombrarme a cada rato, me asieron cada una de un brazo y casi en volandas me llevaron frente a la imagen religiosa, la única que estaba plenamente iluminada. Me encontré rodeado de guitarristas, hombres que batían las palmas, y un coro de voces que entonaban..
Olé, olé, olé, olé, olé
olé, olé, olé, olé, olé
olé, olé, olé, olé, olé
olé, olé, olé, olé
Al Rocio yo quiero volver,
a rezarle a la Virgen con fé
con un...
Ni que decir tiene, apreciado amigo, que la sorpresa me dejó con la boca desencajada y con los ojos abiertos como los de un búho. El impacto que produjo en mi, ya imaginarás, me ha marcado de por vida. Imagino que también tú estarás conmovido con tan grandioso momento. Y más lo estarías si te hubiera contado el sorprendente espectáculo que los mismos parroquianos se lanzaban a ejecutar en el lugar del que te hablo: ora un sentido poema, ora una danza regional, ora un cante lleno de emoción, ora el sonar de una guitarra, de unas palmas o de un taconeo. Y todo ello, amigo mio, con el coraazón encogido por la emoción y la sorpresa...pero todo esto sucederá días después de que la trianera tomara chocolate conmigo. Ya te contaré, en otra carta,. como acabó el chocolate, el churro y la noche.
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